viernes, 1 de marzo de 2013

Final del cuento:




Tras ese pequeño impedimento, el gorrión salió volando hacia la casa de la mujer. Cuando iba volando por ese cielo azul con nubes blancas vio la casa era igual que el cielo. 

Dentro de esa casa, había una mujer muy bella con unos ojos grandes como dos aceitunas, un pelo rubio como el oro y unos labios rojos como las fresas. Esa mujer estaba inquieta moviéndose para un lado, para el otro y muy triste. No sabía donde estaba su marido.

Se preguntaba la mujer:
-¿Estará bien mi marido?

-¿Me habrá dejado abandonada?

No lo sabía.

Pero... El gorrión al ver que la mujer estaba triste con su dulce ''pío pío'' le cantó a la mujer e inmediatamente le dio la carta. La mujer muy asombrada fue corriendo hacia la prisión.

Los guardias no la dejaban entrar. La mujer tenía que entrar sí o sí para impedir que le pasase algo a su marido, el hombre que más quería en el mundo. El gorrión la dirigió hasta la ventana del prisionero. Muy silenciosamente la mujer puso una piedra encima de otra hasta que consiguió hacer una especie de escalera. Con mucha fuerza rompió los barrotes de hierro que estaban entre la ventana

-He recibido la carta del gorrión, ¿qué te ha pasado por qué estás aquí?-dijo silenciosamente y abrazando a su marido.
-No lo sé ni yo. Respondió el hombre
-Bueno, sea lo que sea tenemos que salir de aquí.

Con muchísimo cuidado para que los guardias no los viesen colocaron las piedras desde dentro hacía fuera. Los dos salieron sanos y salvos de la prisión. 

Corriendo se montaron en un caballo que tenían y se fueron lo más lejos posible para que así nadie los viese.


FIN

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